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El Prieto y yo…Una gran aventura. Conclusiones y galería. Parte 8 y última.

Durante los últimos 2 meses les he estado contando mi gran aventura. Pero ni todas las palabras ni las fotos compartidas bastan para describir la experiencia vivida, aunque sirve para que se den una idea.

Este viaje no fueron vacaciones, de lo único que descansé fue de no ir a trabajar. Este viaje fue una odisea con madrugadas, desveladas, malpasadas, manejando miles de kms. hasta llegar a un destino fijado de lo contrario no alcanzaría el tiempo.

Ya les conté mi historia, pero falta la otra parte, la del Prieto. Y es que muchos se preguntarán: ¿Cómo se portó? ¿Qué tal tantas horas de manejo en un auto diminuto?

Para empezar, haré una confesión: Aunque amo a mis otros 2 micro coches, la verdad es que no disfruto mucho manejarlos en carretera. La falta de cruise control es un factor, el otro: los aires huracanados que ocasionalmente visitan estos lares y hacen que tenga que utilizar mis 20 dedos para mantener el control. Ahora, el Prieto es otra historia, en lo personal nunca dudé de su desempeño. Desde el momento de la invitación tuve el presentimiento de que a pesar de ser un auto recién salido del cascarón afrontaría todo lo que el camino y el destino nos pusieran al frente, eso fue en parte precisamente porque es un auto nuevo.

Ahora, al manejarlo puede que olvides sus dimensiones, el comportamiento y estabilidad son como las de cualquier otro auto, si acaso las imperfecciones y las divisiones del concreto hidráulico se filtran más por aquello de la distancia entre ejes tan corta, pero fuera de eso no hay nada que te recuerde que practicamente vas en una cápsula rodante y que el 99.9% de los vehículos a tu alrededor son más grandes.

La posición de manejo es alta y ayuda enormemente a tener buena visibilidad, las llantas de cara ancha sirven para que el manejo sea suave, y fui testigo que aguantan caer en baches que parecen cráteres lunares, el volante con su aro grueso y asistencia eléctronica facilitan las maniobras tanto a baja como a alta velocidad.

En cuanto a desempeño, el motor turbo tiene la suficiente potencia para hacer ágil al pequeño auto, la transmisión hace un trabajo ejemplar para mantener la velocidad línear, da gusto pisarle hasta que el gobernador de velocidad no permite alcanzar más rápidez, en fin, podría seguirle con los halagos, pero creo que ya se dieron cuenta en que dirección voy.

Pero no todo es color de rosa: de antemano se sabe que el smart al ser un micro auto tiene un tanque de gasolina pequeño, pero parece que en carretera encoge: parar cada 3 horas por combustible es algo a lo que no me acostumbré, y no es que el rendimiento sea malo pero consideré 2 factores: 1) No dejar que bajara demasiado el tanque porque…2) No sabía donde estaría la siguiente gasolinera cuando necesitara repostar, así que heme allí parando cada que quedaba 1/4 de gasolina en el tanque, que en teoría me darían al menos 70 millas más de rango. Las paradas a repostar más bien parecían paradas de pits: 5 galones = $10 dólares y 3 minutos más tarde estaba listo para seguir el camino.

Un elemento indispensable para disfrutar un viaje largo es el circular por carreteras en buen estado. No podemos negar la triste realidad de la infraestructura nacional, sin embargo, lo que más duele no son los baches de las carreteras “libres”, sino el exceso de casetas de cobro en las autopistas de cuota: parece que cada estado, municipio, ciudad, pueblo, rancho, ejido y demás divisiones territoriales quieren sacar dinero por circular por sus tierras. Pero no todo es malo, hay tramos muy buenos, algunos mejor incluso que las Interestatales Yankees, los paisajes Mexicanos ofrecen más variedad que las interminables planicies Estadounidenses, y como dije alguna vez: mi parte favorita es la autopista Saltillo – Monterrey.

En fin, podría seguirle y no acabaría. Creo que con 8 capítulos se han dado cuenta de la aventura que viví, una semana llena de emoción que ha quedado grabada en mi memoria y en este sitio. Fue una odisea, una locura que requirió de mucho tiempo, dinero y esfuerzo, pero en ningún momento se desperdiciaron pesos, dólares, segundos o energía.

Fue un reto a la lógica, una tortura automovilística, un desgaste corporal, pero más que todo, fue un capítulo increíble e inigualable en el libro de mi vida. A todos los involucrados, nuevamente: ¡Gracias!

Y para finalizar y compensar por tanta letra, les comparto esta galería, las fotos no están más que en el orden en que fueron tomadas:

Reflejo del Prieto.

Monumento texano a Texas.

Un largo camino por delante para el Roadie.

smarts off roading.

Acomodandose para la foto.

“Uno es flaco y otro gordo porque ya comió…”

Querétaro colorido.

Todos juntitos.

Postal Celayense.

Cerro de La Mesa en Lagos de Moreno, Jalisco.

3 generaciones juntas.

Arte urbano y mural.

Dieta Mexicana.

El Alamo.

Capitolio Texano.

Espero que hayan disfrutado esta foto – novela. Hasta la próxima aventura.

 

alsrac

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2 pensamientos en “El Prieto y yo…Una gran aventura. Conclusiones y galería. Parte 8 y última.

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