Automotriz/Smart

A un mes y 900 millas.

Hoy 3 de Noviembre se cumple un mes de que adoptamos a Prieto. Los amantes de la marca y entusiastas entienden las razones internas que llevó a la adquisición de nuestro tercer micro-auto, pero para los que no comparten esa hermosa enfermedad llamada smartitis les comparto esto:

La compra del Prieto fue algo impulsivo y emocional. De nada sirve ocultarlo: No hay nada racional o práctico en tener 3 micro-autos cuando se tienen 7 hijos. Y sin embargo lo compramos, ¿Por qué?

Hay muchos factores: El amor a la marca, el gusto por los autos pequeños y únicos, el placer de estrenar coche modelo 2016 y sentir que traemos carro nuevo por 15 meses.

Habrán notado la ausencia de la palabra “necesitar”. Bien sabemos que no lo necesitamos y aún así lo adoptamos.

Y es que un smart no sólo es un auto, es un estilo de vida, es una enfermedad, es un vicio, es una mascota, un miembro más de la familia.

Un smart no es un medio de transporte, no es un Toyota sin emociones o un VW contaminante cuyo único propósito es llevar a sus ocupantes del punto A al punto B con eficiencia y comodidad.

No, un smart se disfruta, se maneja por la ruta larga para manejarlo más. Un smart sirve para conocer gente, iniciar conversaciones, llamar la atención, atraer miradas y sacar sonrisas. Ningún otro auto, a excepción de los exóticos, es tan llamativo como un smart.

Chicos y grandes lo reconocen, mis hijos se pelean por pasearse en nuestro trío. Mi hija de 3 años me pide que la lleve a la escuela en alguno de ellos, dichosa que tiene 3 para elegir.

Un smart es un “Power Wheels” para adultos, un juguete para jóvenes de corazón, una extensión del conductor. Manejarlo no es una tarea, es una aventura, un reto por encontrar el lugar más pequeño y poder estacionarlo. Un smart es el orgullo de la familia, es madrugar los Sábados, manejar cientos de millas y presumirlo.

¿Y el 453, o sea como el Prieto? Sigue siendo un smart, sólo que mejorado, corregido y aumentado. Y créanme, aunque se ve más maduro y un poco más serio, sigue siendo ese adolescente rebelde y aventurero, sigue siendo ese cachorro juguetón que al verte se alegra porque sabe que lo llevarás a pasear.

Podría seguir escribiendo más, pero creo y espero hayan entendido la razón de tener no uno ni dos, sino tres smarts. Y es que estos pequeños grandes autos son como las papas fritas: “No puedes tener solo uno”.

alsrac

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